Te desenredas lenta, perezosa y sensual como una magnífica cobra que ha permanecido escuchando atentamente por largo rato los latidos de mi corazón. Me miras rotundamente con esa sonrisa hipnótica dibujada en tus labios coralinos y en tus ojos viperinos de esmeralda. Haces que me sienta con la suerte del conejo que adivina su agonía sensual entre tus destellos diamantinos.
Te acomodas en la mejor posición de ataque segura del letal y certero alcance de tu disparo; confiada mueves la cabeza de un lado a otro sin quitar la mirada de mis acelerados latidos, siempre con esa sonrisa que me entra hasta los huesos.
Confiada de tu poder sobrehumano destilas a mi oído seductoras palabras a distancia, segura del efecto letal de tu sonrisa; y yo me siento fatal y felizmente arrastrado sin remedio al cálido y vaporoso anfiteatro de tu beso mortal.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
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