martes, 28 de abril de 2009

EL COLIBRÍ Y LA FLOR




La Primavera con su eterna mano fecunda modeló al colibrí; le dotó de un zumbido que recuerda al silbar del viento vespertino, le imprimió en su plumaje todos los colores del arcoiris, y le dió la gracia de un hada del bosque. Te conocí en Primavera; yo estaba posado en una rama mirando mi reflejo en el agua del estanque cuando divisé la flor más exquisita que hubiera podido imaginar. Rápido y veloz volé hacia en fatal picada suicida. Al llegar ante revoloteé sin decanso extasiado por el aroma y los colores de tu palpitante corola. Impulsado por mi naturaleza sensual y melífera me acerqué para acariciarte en los pétalos con mi pico en una convincente danza sexual. Un tanto sorprendida por mi súbita aparición, deslumbrada abrías y cerrabas tímidamente tu corola sin acertar a dejarme pasar. El color de tu piel subía gradualmente de intensidad exhacerbando mi pasión floral. Era tal la insistencia y el atrevimiento de mis vehementes caricias que rápidamente te convencí de mi genuina urgencia, y como adivinando que ambos éramos dos criaturas de la misma Primavera, exhalando un gemido, cediste al fin abriendo totalmente tu húmeda flor mojada por la brisa de abril dejándome penetrar urgente y avasallador al salón principal de tu santuario. Yo aleteaba frenético abrazado por tus pistilos, sorbiendo con delicada apuración tu néctar exquisito. Mi aleteo causó en ti los efectos deseados: ajena a la realidad abrías y cerrabas tus pétalos arrastrándome cada vez más y más hasta lo más íntimo de tu fondo. Mi paroxístico aleteo alcanzó un mutuo clímax haciendo que ambos nos estremeciéramos violentamente envueltos en un estertóreo vaivén perlado de alharidos y rápidas convulsiones respiratorias. Por un momento descansé de mi agitación aérea envuelto en tu manto aprisionador. Así estuvimos largo rato, nosotros, el colibrí y la flor; tú semi inconsciente y divina; yo, exhausto y bañado en tu néctar, borracho de pasión. Nos separamos con gran esfuerzo de la adhesión infinita y carnal; tú me observas cual sirena con mirada alcohólica, yo yazgo desvanecido y resoplante a tu lado, embriagado de .
El colibrí y la flor comparten el mismo destino; son dos criaturas de la Primavera que se atraen mutuamente y sin remedio. Así somos tú y yo, y en cada ocasión de vernos, arremetemos uno en pos del otro fatal y felizmente atraídos para acabar como siempre lo hacemos: enlazados en una erótica danza al centro del escenario del claro del pantano, alumbrados por los cocuyos, al ritmo del coro de los animalillos del suelo y seguidos de cerca por los miles de ojillos que brotan celosos entre las enramadas del bosque.

domingo, 26 de abril de 2009

CONFESIÓN

Necesitaba decirle mi más íntimo secreto, el que me quemaba por dentro. Le confieso que me siento un poco avergonzado por mi mundana pasión, pero debía decírselo: Mi condición de hombre es seria y formal; dentro de mí habita una flama que estaba ya lánguida y parpadeante, solitaria, a punto de extinguirse. Entonces venida no se de qué cielos apareció usted con todo su magnífico esplendor... usted fue combustible para mi fuego. Mis llamas alcanzaron proporciones apocalípticas; mis temblores fueron cataclísmicos y mis deseos brotaron salvajes e indomables por cada poro de mi piel. Era imposible contener tal incendio; no pude más, debía confesarle mi tragedia: la deseo, la deseo tánto, y debía callarlo; se lo digo con toda la fuerza que me dicta mi inmemorial herencia de hombre. Debo decirle que cada vez que la veo se encienden mis fuerzas; se renueva mi alegría, cada vez que miro sus ojos me siento obligado a ser Nemo, el navegante de tus mares; cada vez que no me ve y mi mirada furtiva repta en su pecho hasta su pecho siento un ahogo torturante que me viene de adentro..., para qué le sigo... sería demasiado explícito y no quiero adulterar mi confesión. La deseo, es así de simple, la deseo sin recato y sin leyes. La deseo y haría cualquier cosa por quemarnos ambos en este fuego infernal que ha encendido en mí. Es usted como un regalo que me ofrece la vida; es la mitad que me falta, es mi trampa mortal, mi canción, mi cómplice, mi destino. La deseo con toda mi condición de hombre, con toda la fuerza de mis entrañas; la deseo como un hombre desea a una mujer, como hombre silvestre, salvaje y rotundo. Si me vuelve a mirar a los ojos busque bien dentro de mí y no se equivoque, ya sabe mi secreto; no dude ni un segundo que la deseo.

jueves, 23 de abril de 2009

ESTA NOCHE...AMADA


Esta noche, amada, cuando la última luz de la ciudad se haya apagado, cuando solamente la luz de la luna ilumine tu perfil de esfinge, descúbreme entre las sombras; adivíname en los escondrijos de tu habitación. Esta noche, amada, deja al descubierto tus cumbres para que me pose en ellas cual voraz ave nocturna. Siente mis manos febriles posarse en tu rostro, en tu cuello, tus manos. Siente mis manos deslizarse sobre tu cuerpo dibujando toda la orografía sensual de tus territorios. Siente mi aliento quemando tus labios, siente mi boca extrayendo tus riquezas subterráneas; siente tus labios presos de mi beso. Esta noche, amada, suelta tu cabello y siente mis manos enredarse en él; siente mi cuerpo recostado de lado junto al tuyo. Esta noche, amada, deja que el suave viento nocturno haga a un lado la sábana blanca que te cubra. Deja que esta noche te posea lenta y totalmente, que caiga sobre ti como nube sobre la montaña. Esta noche te amaré hasta el final de la oscuridad, caeré desde los cielos blandiendo mi espada flamígera que hundiré repetitivo en tu vientre hasta explotar como luciérnagas en la penumbra. Esta noche, amada serás mía y no habrá poder alguno que me lo impida... y luego de todo, después de todo, sobresaltada y sudorosa, siénteme plegado a tu lado por largo rato hasta que duermas exhausta entre mis brazos.

viernes, 17 de abril de 2009

TUS PIERNAS

Tus piernas son las columnas de entrada a tus salvajes tierras húmedas. Son los faros que me guían hacia tu puerto, donde duermo anclado a tu fondo. Tus piernas son mi perdición y mi delicia. Son la mejor parte de ti. Son mi deseo fantástico. Son el templo donde profeso misas prohibidas. Son mi cárcel, camisa de fuerza, mi prisión, mi amnesia temporal. Nada se compara en el mundo a estar enredado de tus piernas. Hay otras piernas, quizás más bellas, pero yo prefiero estar preso solamente de tus dos lujuriosas piernas.

CAPITÁN TORMENTA




Mi naturaleza es de fuego; siento tus hombros derretirse al contacto de mis manos, siento tu piernas doblarse al conjuro de mis besos. Soy el sable candente que penetra en tus secretos cual cuchillo en la mantequilla. Te resistes débilmente a mis manos que te aprisionan y te recorren furiosamente cual río caudaloso. Eres la roca golpeada una incesantemente por mis vaivenes de mar embravecido, eres el vulnerable estero inundado por mi inexorable marea de plenilunio, eres astilla que salta ante mi golpe fatal de arrecife. Eres salvajemente saudida por mis terremotos subterráneos. Luego de la tormenta, la calma; los resoplidos de toro de lidia, soy el león agotado que duerme pacíficamente en tu regazo, fiera resuelta en manso minino. Entonces me olvido, me retiro voluntariamente de tí hacia mis dominios privados como la marea se retira a las profundidades del mar, hasta que todos mis vientos infernales vuelven a soplar de nueva cuenta en dirección a tu costa,  a tus piernas de nácar, a tus manos de marfil.