Beberé del manantial inagotable de tu boca; y cuando mi sed sea insaciable bajaré presuroso y loco por tu cuello. Me detendré al pie de las colinas y subiré beso a beso hasta los altares de tus cúspides, y besaré la tierra. Haré mi ofrenda pagana; proseguiré mi peregrinar por las llanuras de tu vientre, andaré siempre al sur hasta la quebrada marina de tu costa. Transmutado en pez me sumergiré ávido en lo profundo de tus arrecifes, seré el barco que naufraga en tus aguas y toca tu fondo submarino. Rescataré tu tesoro hundido, recogeré con mis labios una a una las perlas regadas. Entonces regresaré a tus bancos de arena y descansaré con tu arrullo de mar; contaré una a una las estrellas y dormiré el sueño profundo de tu aliento de sal.
viernes, 27 de septiembre de 2013
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