Beberé del manantial inagotable de tu boca; y cuando mi sed sea insaciable bajaré presuroso y loco por tu cuello. Me detendré al pie de las colinas y subiré beso a beso hasta los altares de tus cúspides, y besaré la tierra. Haré mi ofrenda pagana; proseguiré mi peregrinar por las llanuras de tu vientre, andaré siempre al sur hasta la quebrada marina de tu costa. Transmutado en pez me sumergiré ávido en lo profundo de tus arrecifes, seré el barco que naufraga en tus aguas y toca tu fondo submarino. Rescataré tu tesoro hundido, recogeré con mis labios una a una las perlas regadas. Entonces regresaré a tus bancos de arena y descansaré con tu arrullo de mar; contaré una a una las estrellas y dormiré el sueño profundo de tu aliento de sal.
viernes, 27 de septiembre de 2013
miércoles, 9 de diciembre de 2009
LA MUJER SERPIENTE
Te desenredas lenta, perezosa y sensual como una magnífica cobra que ha permanecido escuchando atentamente por largo rato los latidos de mi corazón. Me miras rotundamente con esa sonrisa hipnótica dibujada en tus labios coralinos y en tus ojos viperinos de esmeralda. Haces que me sienta con la suerte del conejo que adivina su agonía sensual entre tus destellos diamantinos.
Te acomodas en la mejor posición de ataque segura del letal y certero alcance de tu disparo; confiada mueves la cabeza de un lado a otro sin quitar la mirada de mis acelerados latidos, siempre con esa sonrisa que me entra hasta los huesos.
Confiada de tu poder sobrehumano destilas a mi oído seductoras palabras a distancia, segura del efecto letal de tu sonrisa; y yo me siento fatal y felizmente arrastrado sin remedio al cálido y vaporoso anfiteatro de tu beso mortal.
Te acomodas en la mejor posición de ataque segura del letal y certero alcance de tu disparo; confiada mueves la cabeza de un lado a otro sin quitar la mirada de mis acelerados latidos, siempre con esa sonrisa que me entra hasta los huesos.
Confiada de tu poder sobrehumano destilas a mi oído seductoras palabras a distancia, segura del efecto letal de tu sonrisa; y yo me siento fatal y felizmente arrastrado sin remedio al cálido y vaporoso anfiteatro de tu beso mortal.
martes, 5 de mayo de 2009
ENSAYO DE TU BOCA
ENSAYO




Tu boca, siempre viene a mi mente tu boca, ese animalillo tímido y palpitante. Tu boca anhelante me quema la memoria. La sola vista de tus labios rojos me enciende la llama del profundo deseo. Tu boca resume los motivos últimos de vivir. Es tu boca el torbellino que me arrastra hasta el sinfín de tu sexo amor. Tu boca es reto sensual que siempre enfrento. Tu boca con la palabra tras los labios, a punto de explotar. Tu boca es prisión de mi beso, botín de mi piratería nocturna. Mi beso busca y encuentra las perlas que esconden tus labios guardianes. Tu boca es flor que se me ofrece en primavera. Es copa afrodisiaca para mis sentidos. Tu boca mordiendo cada trozo de piel, arrasando y conquistando territorios inexplorados. Tu boca es tu corazón a flor de piel, es tu sangre. Tus labios son fruta madura. Tus beso es todo lo que deseo; tu boca es el alivio, es mi blasón de guerra, mi motivo, mi fin, mi causa, mi cómplice, isla salvaje e indómita. Tu boca es el salvaje volcán que libera tu fuego cuando tu cuerpo continental hace erupción. Te pareces a América; me pierdo en la curva infinita de tu sudamérica ecuatorial. Me quemo en tu cinturón de fuego y respaso mil veces la cordillera volcánica de tu pecho tropical. Tu boca me sabe decir cosas divinas, mundanas y sucias que me torturan y enloquecen de pasión. Tu boca es el perfecto termómetro del amor. Cuando miro tu boca roja y tentadora no puedo resistirme, sucumbo siempre al encanto vicioso de tu boca. Tu boca me abrasa, me quema, me abandona y me rescata. Tu boca, siempre y por siempre, en cualquier lugar, tu boca.





Tu boca, siempre viene a mi mente tu boca, ese animalillo tímido y palpitante. Tu boca anhelante me quema la memoria. La sola vista de tus labios rojos me enciende la llama del profundo deseo. Tu boca resume los motivos últimos de vivir. Es tu boca el torbellino que me arrastra hasta el sinfín de tu sexo amor. Tu boca es reto sensual que siempre enfrento. Tu boca con la palabra tras los labios, a punto de explotar. Tu boca es prisión de mi beso, botín de mi piratería nocturna. Mi beso busca y encuentra las perlas que esconden tus labios guardianes. Tu boca es flor que se me ofrece en primavera. Es copa afrodisiaca para mis sentidos. Tu boca mordiendo cada trozo de piel, arrasando y conquistando territorios inexplorados. Tu boca es tu corazón a flor de piel, es tu sangre. Tus labios son fruta madura. Tus beso es todo lo que deseo; tu boca es el alivio, es mi blasón de guerra, mi motivo, mi fin, mi causa, mi cómplice, isla salvaje e indómita. Tu boca es el salvaje volcán que libera tu fuego cuando tu cuerpo continental hace erupción. Te pareces a América; me pierdo en la curva infinita de tu sudamérica ecuatorial. Me quemo en tu cinturón de fuego y respaso mil veces la cordillera volcánica de tu pecho tropical. Tu boca me sabe decir cosas divinas, mundanas y sucias que me torturan y enloquecen de pasión. Tu boca es el perfecto termómetro del amor. Cuando miro tu boca roja y tentadora no puedo resistirme, sucumbo siempre al encanto vicioso de tu boca. Tu boca me abrasa, me quema, me abandona y me rescata. Tu boca, siempre y por siempre, en cualquier lugar, tu boca.
martes, 28 de abril de 2009
EL COLIBRÍ Y LA FLOR





La Primavera con su eterna mano fecunda modeló al colibrí; le dotó de un zumbido que recuerda al silbar del viento vespertino, le imprimió en su plumaje todos los colores del arcoiris, y le dió la gracia de un hada del bosque. Te conocí en Primavera; yo estaba posado en una rama mirando mi reflejo en el agua del estanque cuando divisé la flor más exquisita que hubiera podido imaginar. Rápido y veloz volé hacia tí en fatal picada suicida. Al llegar ante tí revoloteé sin decanso extasiado por el aroma y los colores de tu palpitante corola. Impulsado por mi naturaleza sensual y melífera me acerqué para acariciarte en los pétalos con mi pico en una convincente danza sexual. Un tanto sorprendida por mi súbita aparición, deslumbrada abrías y cerrabas tímidamente tu corola sin acertar a dejarme pasar. El color de tu piel subía gradualmente de intensidad exhacerbando mi pasión floral. Era tal la insistencia y el atrevimiento de mis vehementes caricias que rápidamente te convencí de mi genuina urgencia, y como adivinando que ambos éramos dos criaturas de la misma Primavera, exhalando un gemido, cediste al fin abriendo totalmente tu húmeda flor mojada por la brisa de abril dejándome penetrar urgente y avasallador al salón principal de tu santuario. Yo aleteaba frenético abrazado por tus pistilos, sorbiendo con delicada apuración tu néctar exquisito. Mi aleteo causó en ti los efectos deseados: ajena a la realidad abrías y cerrabas tus pétalos arrastrándome cada vez más y más hasta lo más íntimo de tu fondo. Mi paroxístico aleteo alcanzó un mutuo clímax haciendo que ambos nos estremeciéramos violentamente envueltos en un estertóreo vaivén perlado de alharidos y rápidas convulsiones respiratorias. Por un momento descansé de mi agitación aérea envuelto en tu manto aprisionador. Así estuvimos largo rato, nosotros, el colibrí y la flor; tú semi inconsciente y divina; yo, exhausto y bañado en tu néctar, borracho de pasión. Nos separamos con gran esfuerzo de la adhesión infinita y carnal; tú me observas cual sirena con mirada alcohólica, yo yazgo desvanecido y resoplante a tu lado, embriagado de tí.
El colibrí y la flor comparten el mismo destino; son dos criaturas de la Primavera que se atraen mutuamente y sin remedio. Así somos tú y yo, y en cada ocasión de vernos, arremetemos uno en pos del otro fatal y felizmente atraídos para acabar como siempre lo hacemos: enlazados en una erótica danza al centro del escenario del claro del pantano, alumbrados por los cocuyos, al ritmo del coro de los animalillos del suelo y seguidos de cerca por los miles de ojillos que brotan celosos entre las enramadas del bosque.
domingo, 26 de abril de 2009
CONFESIÓN
jueves, 23 de abril de 2009
ESTA NOCHE...AMADA
Esta noche, amada, cuando la última luz de la ciudad se haya apagado, cuando solamente la luz de la luna ilumine tu perfil de esfinge, descúbreme entre las sombras; adivíname en los escondrijos de tu habitación. Esta noche, amada, deja al descubierto tus cumbres para que me pose en ellas cual voraz ave nocturna. Siente mis manos febriles posarse en tu rostro, en tu cuello, tus manos. Siente mis manos deslizarse sobre tu cuerpo dibujando toda la orografía sensual de tus territorios. Siente mi aliento quemando tus labios, siente mi boca extrayendo tus riquezas subterráneas; siente tus labios presos de mi beso. Esta noche, amada, suelta tu cabello y siente mis manos enredarse en él; siente mi cuerpo recostado de lado junto al tuyo. Esta noche, amada, deja que el suave viento nocturno haga a un lado la sábana blanca que te cubra. Deja que esta noche te posea lenta y totalmente, que caiga sobre ti como nube sobre la montaña. Esta noche te amaré hasta el final de la oscuridad, caeré desde los cielos blandiendo mi espada flamígera que hundiré repetitivo en tu vientre hasta explotar como luciérnagas en la penumbra. Esta noche, amada serás mía y no habrá poder alguno que me lo impida... y luego de todo, después de todo, sobresaltada y sudorosa, siénteme plegado a tu lado por largo rato hasta que duermas exhausta entre mis brazos.
viernes, 17 de abril de 2009
TUS PIERNAS
Tus piernas son las columnas de entrada a tus salvajes tierras húmedas. Son los faros que me guían hacia tu puerto, donde duermo anclado a tu fondo. Tus piernas son mi perdición y mi delicia. Son la mejor parte de ti. Son mi deseo fantástico. Son el templo donde profeso misas prohibidas. Son mi cárcel, camisa de fuerza, mi prisión, mi amnesia temporal. Nada se compara en el mundo a estar enredado de tus piernas. Hay otras piernas, quizás más bellas, pero yo prefiero estar preso solamente de tus dos lujuriosas piernas.
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